El Tarot, el camino de la verdad

Por Iñaki G. Ugarte

Soy y seré siempre un discípulo fiel del tarot, desde la primera vez que lo vi, a los cinco años, despertó en mí una fascinación absoluta. Gracias a las enseñanzas de mi abuelo, aprendí a desarrollar mis cualidades artísticas, enfocándome a la pintura y el dibujo, lo que me provino de una agudeza para ver el mundo con los ojos del arte. Tal vez, esta sea la razón por la que me fascine por el tarot; siempre será, una obra de arte sagrada.

“… el tarot te desarrolla la misma inteligencia que hace crecer las plantas, que mueve los planetas, que crea los colores del atardecer, y te forma a una inteligencia que no es estrictamente racional. Pero a la vez tiene una numerología súper coherente, lazos con la historia occidental y del arte muy claros. No es una locura new-age.”
Marianne Costa

 

Cuando tenía trece años, mi abuela me llevó a una librería esotérica en Cuernavaca, a mi primera lectura de tarot. Ella ya había acudido anteriormente, y hablaba al respecto con muy buenas opiniones, algo extraño, pues en mi familia abunda el escepticismo y domina la racionalidad, cuadrada y conservadora. Sea como fuese, llegue ese día a la sesión de tarot, me presente ante Susana, la tarotista, y comenzamos. Era tal belleza la que salía de la boca de Susana, y tan carteras y sinceras sus palabras, que yo entendí que eso que ella hacía, era lo que yo quería hacer en mi vida. El tarot me llamó y me obligó a estudiarlo y conocerlo tanto como pudiera.

Comencé como muchos lo hacen leyendo muchos libros y metiéndome en todos los cursos audiovisuales en internet que puedas imaginar. A los catorce años tuve mi primer maestro, que más que un maestro fue un guía, que me inició y me enseñó a abrir mi intuición dejándome poseer por las imágenes en las cartas. A partir de ese momento, comencé a practicar tanto como pude. Pero no fue sino hasta unos años después que conocí a Marianne Costa, su trabajo y sus enseñanzas, que mi practica adquirió una seriedad verdadera. Al estudiar el mazo reconstruido por Camoin y Jodorowsky, entendí que la esencia del tarot no es adivinar nada, sino sanar mediante la claridad de la conciencia. El tarot fue y será siempre mi eterno compañero y mi aliado de poder. Me enseñó a apreciar y permitirme maravillarme por la magia de este mundo, viajar a otros planos de conciencia sin despegar los pies del suelo. ¿Por que te cuento esto? porque el trabajo con el tarot, el verdadero trabajo con el tarot, comienza desde tu primer contacto, pues definirá la concepción que tendrás toda tu vida sobre él. Nadie, por muy bueno o estudioso que sea, te puede decir “esta carta significa o no significa eso” porque esta limitando la esencia del tarot; permitirte ser poseído por lo que los arcanos reflejan en tu vida, como lo hace un espejo.

 

El tarot es uno de los misterios más grandes de la humanidad. Su etimología, así como su origen, son desconocidos hasta el día de hoy. Es posible que se creara como un complemento a los juegos de cartas existentes a principios del siglo VIII, cuando los árabes entraron a Europa a través de la península Ibérica. El juego de tarot más antiguo que se conoce, data del siglo XV y se creó en Milán. No se sabe si antes o después de este tarot, surgió uno de los más populares hoy en día: el tarot “de Marsella”. De este tarot, surgieron todos los posteriores, incluso mi favorito; el Rider Waite. En 1995, Alejandro Jodorowsky, quien hasta el momento había estudiado el Tarot de Paul Marteau, conoció a Philippe Camoin, cuya familia había impreso el tarot de Marsella por siglos, y se propusieron a restaurar el tarot usando sus contactos con los museos de Europa que habían conservado las planchas originales con las que se había impreso el tarot en sus tiempos. Dos años les tomo, pero lograron dejar el tarot como lo era en el 1400. Los colores, los detalles y los símbolos cobraron un nuevo sentido.

 

El tarot de François Heri (1718) es uno de los ancestros de los llamados tarots “de Marsella”.

Las habladurías que existen sobre su concepción no son más que mitos sin verdadero sustento. Otro de los mitos más grandes es que el tarot es un medio para conocer el futuro. No hay futuro, esa es la única verdad. Cualquier persona que pretenda darte a conocer los designios del futuro es un charlatán en potencia. El verdadero y valioso trabajo con el tarot está en ayudarnos a tener claridad en nuestras vidas, sanando las heridas, patrones y aptitudes del pasado, brindándonos claridad para entender nuestro presente, resolviendo nuestras dudas existenciales, y ayudándonos a conocer nuestras posibilidades y tendencias para poder decidir con mayor asertividad.

Un tarot completo tiene setenta y ocho cartas que denominamos Arcanos, que en latín significa “el secreto”, a su vez se subdividen en Arcanos Mayores y Arcanos Menores. Estos últimos son los grandes maestros del tarot y sus ancestros; primero se crearon los Arcanos Menores (a modo de juegos de barajas, como la que hoy se usa para jugar al póker). En ellos encontraremos cuatro caminos, que manejan nuestro trabajo con el terreno material y físico – Denarios -, el terreno emocional – Copas -, el terreno intelectual – Espadas -, y el más escondido y prohibido que es el terreno creativo y sexual – Bastos -. Coronados por cuatro figuras en cada camino – Vale, Reina, Rey y Caballo -, los Arcanos Menores nos enseñan a llevar correctamente un equilibrio en nuestra vida, y llevar una vida equilibrada con los elementos tanto femeninos (Copas y Denarios) y masculinos (Bastos y Espadas).

Las veintidós cartas que componen los Arcanos Mayores nos muestran un viaje arquetípico por medio del cual entendemos el proceso de gestación, o realización, que el ser humano lleva para lograr la comunión total con su alma y el alma del mundo. Comienza con un arcano sin número llamado “Le Mat” (El Loco, en español) que recorre dos decenas de facetas donde va sembrando sus cualidades, las cultiva, se enfrenta a sus sombras y su creatividad profunda, para entregarse libremente al renacer, llegando a la carta veintiuno “Le Monde” (El Mundo) donde alcanzará la culminación de su proceso de desarrollo. Juntos, los veintidós Arcanos Mayores y los cincuenta y seis Arcanos Menores, componen el esqueleto de nuestro inconsciente donde se gestan las pulsiones tanto personales como colectivas, que mueven cada aspecto de nuestra vida. Cuando leemos el tarot, movemos y sacamos por azahar las cartas que, como si fuera una frase esperando a ser traducida, nos enseñarán, cómo lo haría un espejo, un retrato de nuestro inconsciente y cómo influye en nuestro acontecer cotidiano.

Los Arcanos Mayores del Tarot de Marsella (Camoin- Jodorowsky).

La gente suele creer que cuando se lee el tarot las cartas se leen por separado. Si aparecen tres cartas, supongamos, El Loco (sin número), La Fuerza (XI) y El Diablo (XV):

Un lector de tarot básico o mediocre interpretaría las cartas una por una; “te estas moviendo en tu vida hacia algo nuevo. Hay mucha fuerza de voluntad y mucho de deseo de realización. Te estas conectando con tu aspecto alocado, divertido. Y ya.” Pero cuando estudias el tarot, te das cuenta que las cartas son una unidad, que incluso se pueden ordenar en un Mandala perfecto, un dibujo único. Entonces, lo primero que debemos darnos cuenta es el orden; 0 – 11 – 15, están en un orden progresivo; van de menor a mayor. Si los sumamos, tenemos un 26, que da un 8 (2 + 6). El arcano ocho es La Justicia. Lo que se esconde detrás de la situación de la persona que consulta el tarot, es un problema con tener una expectativa muy alta o rígida de la perfección, pero desde lo físico y visible. Tenemos una carta masculina, una femenina y una andrógina. Hay una necesidad de encontrar un punto medio entre los extremos. El Loco mira hacia la derecha, hacia la evolución. La Fuerza tiene su vista postrada hacia el suelo, pero se mueve hacia adelante, igual que El Loco. Y finalmente El Diablo mira burlón sacando la lengua hacia el espectador. Vamos a darle un significado a cada una de las cartas; la primera es tu posición actual, la central es hacia donde te diriges, y la de la derecha es el consejo o lo que te hace falta para conseguirlo. ¿Qué nos dice esta combinación? o por lo menos, ¿qué me dice a mí? “estas buscando dar paso a tu creatividad, buscas crear y darle forma a tu vida porque no tienes nada definido en este momento, eres como una célula que busca tomar una forma. Pero con El Diablo al final, te dice que tu creatividad no puede salir si no te liberas de La Justicia, la idea de lo perfecto, del “deber ser”, te pide que te atrevas a divertirte y disfrutar equilibradamente”. ¿Ves como cambia la historia? El tarot forma combinaciones infinitas y te enseña que todo en este mundo esta conectado, no hay azar o probabilidad, hay una sincronicidad cósmica trabajando codo a codo con todos los seres de este planeta.

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